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Como
ya sabes mi nombre es Pablo, que significa pequeño en
Griego. Dicen que los Pablos somos gente entregada y con sentido
del servicio, y yo estoy de acuerdo, por lo menos en mi caso.
Nací
un Viernes a las 22:30, en el Hospital Santa Cristina de la
calle O'Donnell de Madrid. Ese mismo día murió
Bruce Lee, creo que de ahí viene mi adoración por él.
Cuatro años antes el hombre pisaba la luna.
En
aquel momento yo fui el primer varón, algo celebrado
en mi familia, me precedían dos bellezas, Beatriz y Ana,
mis hermanas mayores que habían nacido en Vigo por circunstancias
del destino. Después llegaron Álvaro y Alejandro. Somos
cinco hermanos y, gracias a ellos, he aprendido el significado
de la palabra compartir, os quiero a todos.
Mi
padre se llama José Luís y mi madre Ángeles. No tengo palabras
ni saliva suficientes para agradecerles todo lo que han hecho
por nosotros, un ejemplo de sacrificio y dedicación.
GRACIAS de corazón.
Vivíamos
en el barrio del Niño Jesús. Lo recuerdo con verdadero
cariño. Bajar al parque, ir al Retiro, los bocadillos
de leche condensada cocida y las bicicletas.
Había
un cuarto dentro del portal donde se guardaban las bicis, yo
era un animal que se dedicaba a desguazar las bicis de los demás
niños para conseguir las piezas que había roto,
especialmente pedales, rompía uno a la semana.
El
parque que he mencionado está situado debajo de casa
de mis padres y fue el protagonista de mi infancia y adolescencia.
Allí conocí a los Orbea, los Vicens (era tantos
hermanos que cuando llegaban ya se podía montar un partido),
los "gamberros" (eran los mayores que se sentaban
a fumar en el banco del fondo) y a Ángel. Gracias a su bate
jugamos innumerables partidos de béisbol. Hoy en día
Ángel lo sigue conservando en alguna parte, estoy seguro que
su hijo Santiago podrá utilizarlo pronto. Ángel
es el único amigo de aquellos años que conservo.
Pude
disfrutar del parque después de haberme recuperado de
un Perthes de cadera (según los médicos se trata
de una "necrosis avascular de la cabeza femoral durante
la edad infantil, de grado variable, que se sigue de un proceso
regenerativo, que puede o no, acabar en deformidad irreversible"),
en mi caso hubo suerte. Me llevó unos años recuperarme,
estuve en silla de ruedas unos cuantos meses, con las dos piernas
escayoladas separadas por media muleta incrustada entre ambas,
eso impedía que las cerrara y facilitaba mi recuperación. El día que
salía del hospital una mujer se me acercó y me
dio 25 pesetas diciendo "probecito", aquello
era una fortuna en aquel entonces. Recuerdo mi primer día
de colegio, aparecí en mi clase acompañado de
mi madre, ella empujaba la silla. Aquel día me convertí
en el "chico especial" de la clase, para otros "pata
chicle". Más tarde me pusieron un aparato parecido
al que llevaba el joven Forrest Gump, tuvieron que asegurarlo
porque mis visitas a la Ortopedia Prim eran frecuentes. Mis
padres irán al cielo turbo propulsados, no podían
tener un hijo más "inquieto". Tengo más
de 25 brechas en la cabeza, me he tragado una medalla, una moneda,
mercurio (ahí pensaban que moriría...), cloro,
detergentes varios (¡reconozco que aún me gusta el olor
de algunos de ellos!), me he empotrado en moto contra un cactus,
intoxicado por una sobredosis de pica-pica, le rompí
la pierna a mi hermano Álvaro....y un largo etcétera.
Hubo un día que visité tres veces las urgencias
del Francisco Franco (hoy Gregorio Marañón) con tres
brechas distintas, los médicos me decían "¡Hombre
Pablo, otra vez por aquí!", lo que más me
gustaba es que cuando llegaba inflaban un guante de Latex para
entretenerme. Durante toda mi enfermedad, mi tía Carmen
me regaló todos los modelos de Madelman y Geiperman que
salieron, ¡los tenía todos!.
En
aquellos días conocí al grueso de mis amigos,
hace ya 28 años, y hoy algunos de ellos siguen siendo. Valentín
(El Berro), al que le traspasé la mano con un punzón
con el que nos enseñaban a recortar (gracias por no tenérmelo
en cuenta), Rafa (la Raja) el hombre generoso del que algunos
se aprovechaban (¿cuántos bollos le pagaste a Fur?), Ernesto
(Will), el hombre tranquilo (gracias por seguir siéndolo).
Más tarde llegaría José Miguel (el Lycho), con
el que tuve que pelear por el puesto de portero titular (simpre
fuíste mejor que yo....) y otros que hoy están
pero no son. Por cierto, el colegio era el Santa María
del Pilar, el del Retiro no el de Castelló (¿por
qué venían siempre a jugar a "nuestros campos"?).
Estudiamos todos juntos desde la guardería hasta COU,
luego cada uno escogió su carrera. Siempre recordaré
el viaje a Italia que hicimos juntos, hace poco he vuelto a
Venecia y no fue lo mismo.
En
aquella época empezamos a salir con mi primo Miguel,
que enseguida se integró como uno más del grupo.
Que maravillosos veranos en San Rafael...tu Cota 25, la escopeta
de perdigones, las fiestas de El Espinar... Hoy en día
Miguel es uno de los pilares de mi vida, ¡gracias por
ser tan robusto!
Mi
vocación era y es el periodismo, pero estudié Ciencias
Económicas y Empresariales en la Universidad Complutense
de Madrid; me imagino que lo hice porque era una carrera con
más "salidas". No recuerdo nada especial de
aquellos años, la Universidad Pública que yo conocí
era demasiado impersonal, poco práctica y a veces injusta.
Algo que recuerdo con cariño y pavor al mismo
tiempo son las "temporadas" que pasaba en casa de
mi abuela Leles y mi tía Carmen (la de los Madelman).
Me iba a vivir allí para estar más concentrado,
me gusta estudiar en espacios pequeños y con poco ruido,
y el cuarto de la plancha era perfecto. En aquella época
fumaba casi dos paquetes (afortunadamente dejé el tabaco
hace ahora 3 años), y la ceniza de los cigarros se mezclaba
con toneladas de apuntes. Luego por las noches mi tía
preparaba sus impresionantes Baguettes de tortilla de patata
antes de que empezara Expediente X, la mejor serie de todos
los tiempos (con permiso de Heidi, claro).
Enseguida
me empecé a buscar las castañas y encontré
trabajo en El Corte Inglés, departamento de Expedición.
Trabajaba tres meses al año durante las campañas
de Navidad, ganaba un dineral...sobre todo para un chico que
vivía en casa de sus padres. Eso me permitía acceder
a ciertos "caprichos" como eran los viajes a esquiar
a Francia, material de gama alta, mis primeros discos (hoy son
ya más de mil...)
En
aquella época conocí a mi primera novia seria,
una persona que sin duda me marcó, para lo bueno y para
lo malo. Sigo teniendo relación con ella, vive en la
otra punta del mundo y tiene dos hijos preciosos.
Antes
de terminar mis estudios comencé a trabajar "en
serio". Pepsi, una gran multinacional, apostó por
mi cuando todavía era un niñato. Eso me permitió
independizarme, un pequeño apartamento a no más
de 1 kilómetro de casa de mis padres. Mi hermana Ana
convivió conmigo unos años, creo que nos cuidamos
mucho mutuamente.
La
carrera en Pepsi duró casi 10 años, conocí
varios departamentos, gente maravillosa y otra no tanto. Guardo
muchos buenos recuerdos y pocos malos. Entre los mejores está
Joaquín, el mejor jefe que he tenido hasta ahora y el
mejor comercial que conozco. Joaquín, si lees esto, GRACIAS
por enseñarme a ser un buen profesional y mejor persona.
También echo de menos a Aurelio, la Delegación
de Zaragoza...Paloma, Antonio, Fernandos...¡os QUIERO!
Estuve
a punto de casarme, comprarme un piso...ni lo uno ni lo otro.
A día de hoy sigo pensando que ha sido la mejor decisión
que he tomado en mi vida. No era la persona con la que quería
compartir el resto de mi vida.
Después de aquello empecé un Executive MBA en
ESADE, primera promoción en Madrid. 18 meses de duro
trabajo, muchos más de esfuerzo económico (todavía
estoy pagando el préstamo), año y medio sin fines
de semana, cientos de casos y presentaciones, viajes a Inglaterra, China
y Estados Unidos...sólo puedo hablar cosas buenas de
aquella experiencia. Me cambié de piso, ésta vez
en solitario. La segunda mudanza condujo a la tercera.
Después
vino París, Energizer (pilas y linternas) me fichó
sin hablar una palabra de francés; aún así
me mude a la ciudad de la Luz...y de las sombras añadiría
yo. Me pasaron cosas muy buenas como Marta y Chantal y otras
no tanto. La ciudad más bonita que conozco con la gente
más difícil y cerrada. Aún así me
dio pena volver, fueron doce meses que marcarán mi vida
para siempre.
Volví a mi ciudad, Madrid, con mi familia y amigos. Muchas
cosas habían cambiado, las bodas trajeron los primeros
bebés al grupo, la gente ya no salía tanto, y era mucho más
difícil quedar para charlar y tomar unas cervezas. Todo eso, unido a una gran oportunidad, me ha llevado de nuevo al extranjero, esta vez Londres.
Todo el mundo me pregunta por cuanto tiempo me he marchado, y la respuesta es siempre la misma, no lo sé. Nuevas experiencias, nuevas aventuras, nuevas personas...la puerta de mi vida está abierta a todo aquél o aquello que pueda y quiera aportar algo.
De
mis disparates de juventud, lo que me da más pena no
es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos.
Pierre
Benoit
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